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Armando el Rompecabezas de la Dermatitis Gangrenosa

La prevención de los ciclos tardíos de coccidiosis mediante vacunación puede frenar esta costosa enfermedad bacteriana


La dermatitis gangrenosa es una costosa enfermedad del pollo de engorde que causa mortalidad y decomisos parciales y de canales enteras. En la fotografía de abajo, nótense las burbujas de gas formadas por el Clostridium, uno de los patógenos causantes de la dermatitis gangrenosa.
Si la suya es como muchas otras operaciones avícolas modernas, probablemente esté vacunando cuando menos a una parte de sus pollos de engorde contra la coccidiosis. Tal vez lo haga para mejorar el rendimiento de sus parvadas productoras de carne cuando los anticoccidiales tradicionales que se administran en el alimento no parecen controlar el desafío o tal vez lo haga para satisfacer la exigencia de los consumidores de producir carne sin medicamentos.

Ahora las pruebas de campo y la experiencia indican que existe una razón más para vacunar contra la coccidiosis, pues puede ayudar a controlar o eliminar el problema creciente de la dermatitis gangrenosa.

Por sí sola, la vacuna contra la coccidiosis no es efectiva contra la dermatitis, pero sí impide que las eimerias continúen ciclando, cosa que algunos médicos veterinarios y gerentes de producción consideran hoy día como el factor desencadenante de los costosos brotes de dermatitis gangrenosa.

Las consecuencias de la dermatitis gangrenosa son alta mortalidad y decomisos parciales o de toda la canal. Se calcula que las pérdidas económicas son de US$0.80 a US$1.31 por ave afectada, lo cual es significativo pues la enfermedad se presenta durante las últimas etapas del crecimiento, cuando se ha invertido mucho dinero en estas aves que ya no se pueden salvar, dicen los investigadores.1

Problema de salud número uno

“Ahora oímos a más gente hablar de esta enfermedad,” dijo el Dr. Charles Broussard, director mundial de servicios técnicos de la Unidad de Negocios Avícolas de Schering-Plough Animal Health.

En algunas empresas avícolas estadounidenses, la dermatitis gangrenosa se ha convertido en un grave problema, afectando del 10 al 25% de las parvadas y causando mortalidades de 2 a 4%, o a veces más. Su incidencia parece tan alta que hoy está en la mente de los médicos veterinarios y se ha convertido en el problema “número uno” de salud para algunos productores, explicó.

El Dr. Broussard hizo notar que cuando en una encuesta se pidió a 17 veterinarios de empresas productoras de pollo de engorde en E.U. que citaran las enfermedades que más les preocupaban, 12 mencionaron a la dermatitis gangrenosa. De hecho, “fue el problema más constante y grave en sus operaciones,” de acuerdo con el Informe de 2005 del Comité de Enfermedades Transmisibles de las Aves de Corral y Otras Especies Avícolas.

Durante mucho tiempo se ha pensado que la dermatitis gangrenosa comienza con un rasguño que se infecta con una bacteria que prolifera rápidamente mientras al mismo tiempo las aves presentan inmunosupresión por enfermedades tales como la infección de la bolsa de Fabricio (N. del T: IBD, enfermedad infecciosa de la bolsa o enfermedad de Gumboro), o la anemia infecciosa del pollo (CAV, por sus siglas en inglés). Se pensó que el remedio sería un buen control de estas dos últimas y de otras enfermedades inmunosupresoras, junto con cambios de manejo que iban desde atenuar la intensidad de la luz hasta dar dietas especiales enfocadas principalmente a mantener a las aves tranquilas para impedir que se rasguñaran.

No obstante, de acuerdo con Broussard el control de la enfermedad de Gumboro, de la anemia y del ambiente no logró resolver el problema de la dermatitis gangrenosa. Además, la experiencia y las investigaciones realizadas recientemente indican que un factor instigador de la dermatitis gangrenosa puede ser el ciclaje tardío de la coccidiosis, aspecto que antes no se había tomado en cuenta.

“El remedio puede ser el control de la coccidiosis capaz de prevenir los ciclos tardíos de esta enfermedad, y tal vez no haya necesidad de hacer cambios significativos en el manejo,” explicó. El Dr. Broussard agregó que: “todo este tiempo la coccidiosis puede haber sido una causa de dermatitis, pero ahora estamos enfocando de manera diferente su control. Ya no estamos usando tantos anticoccidiales y se ha desarrollado resistencia contra algunos de ellos. Ésta puede ser la causa de que haya aumentado la incidencia de dermatitis.”

Patrones de la enfermedad

Aun cuando la elevación en la mortalidad es el signo más obvio de un brote de dermatitis gangrenosa, según Broussard, los avicultores también pueden notar que las aves afectadas tienen poco apetito, mala coordinación y debilidad de las piernas, lesiones y edema en la piel. El patógeno asociado más frecuentemente con esta enfermedad es Clostridium de varias especies, aunque también puede ser causada por infecciones con Escherichia coli y Staphylococcus. Los patógenos actúan como oportunistas, después de que la coccidiosis les ha abierto el camino.

“Aun cuando la primavera con frecuencia se asocia con los brotes de dermatitis, últimamente también la hemos visto en invierno. El clima frío es de por sí un factor de estrés, pero al mismo tiempo muchas parvadas presentan un desafío tardío por coccidiosis a causa del programa anticoccidial en uso,” expresó.

“La enfermedad se está presentando en aves sometidas a programas en los que se da un anticoccidial químico seguido de un ionóforo, o bien un ionóforo todo el tiempo,” agregó.

El Dr. Broussard hizo mención a las investigaciones realizadas por el Dr. Steve Collett del Centro de Diagnóstico e Investigación Avícolas de la Universidad de Georgia en Athens, E.U., presentado en la Reunión Anual 2006 de la Asociación de Médicos Veterinarios de ese estado de la Unión Americana. Los resultados fueron distintos al dogma habitual de la dermatitis gangrenosa. Se utilizó un modelo que induce la enfermedad de manera consistente en el 100% de las aves desafiadas, pero el grado de mortalidad depende de la dosis. La mayoría de los pollos de engorde inmunocompetentes son capaces de contener la infección, presentar cultivos negativos 7 días después del desafío y recuperarse.

El dogma actual sobre la patogenia de la dermatitis gangrenosa se basa en la premisa de que cuando se afecta adversamente la función de la barrera que constituye la piel a causa de rasguños, por lo general se presenta contaminación con Clostridium perfringens y el avance de la enfermedad después de esta contaminación de la herida requiere que el ave presente inmunosupresión. Sin embargo, usando su modelo, el Dr. Collett demostró que la inmunosupresión causada por la enfermedad de Gumboro y la anemia infecciosa no incrementaron la severidad de las lesiones asociadas con la dermatitis gangrenosa. Con esta base, sugirió que la inmunosupresión es más probable que predisponga a los animales al proceso de la infección (que actualmente se considera que está constituida por rasguños en la piel) y no la consecuencia de la infección (necrosis cutánea). Esto es importante porque respalda la hipótesis que desde antes había publicado Collett, en el sentido de que los rasguños no siempre son la vía de entrada de los microorganismos del género Clostridium para producir dermatitis gangrenosa, sino que lo más probable es que una ruta alternativa sea el tracto gastrointestinal.

Collett señaló que, en el campo, la dermatitis gangrenosa por lo general se presenta en pollos de asar de 4 a 6 semanas de vida, lo cual coincide con el intervalo entre el máximo nivel de desafío por coccidiosis (pues la máxima producción de ooquistes ocurre alrededor de los 28 días de edad) y el desarrollo de una inmunidad sólida contra el desafío con Eimeria spp. a

las 6 semanas de edad. Las lesiones intestinales que causan estos parásitos, particularmente los ciclos tardíos de Eimeria maxima, podrían ser fácilmente la puerta de entrada para el Clostridium responsable de la dermatitis gangrenosa, según se ha hecho evidente en investigación con seres humanos sobre la patogenia de la gangrena gaseosa.

Es interesante notar que la prevalencia de la dermatitis gangrenosa en parvadas vacunadas con Coccivac parece ser extremadamente baja en comparación con parvadas no vacunadas. Parecería que el reducir la severidad del daño epitelial en el intestino o cambiar el momento en que éste ocurre, podría ser una manera importante de prevenir o cuando menos reducir la prevalencia de la dermatitis gangrenosa.

La experiencia de un avicultor importante

Veamos la experiencia de un gran productor de pollo de carne en EE.UU., que tenía problema de dermatitis gangrenosa en varios complejos, particularmente entre aves pequeñas que habían recibido nicarbazina y monensina para el control de la coccidiosis. “La dermatitis comenzaba entre los 32 y 35 días, hacia el final del ciclo del programa anticoccidial,” dijo el médico veterinario del complejo, quien habló a Intestinal Health, con la condición de no revelar el nombre de su compañía.

“La dermatitis gangrenosa puede ser devastadora y en algunas operaciones causa índices de mortalidad hasta del 8% por semana. Esto es sumamente costoso para los aparceros individuales,” dijo el facultativo.

El productor estuvo observando el problema durante un tiempo y se dio cuenta de que “teníamos algunos brotes tardíos de coccidiosis” según dijo. Cuando las aves recibían el anticoccidial químico diclazuril después de programa nicarbazina/monensina, la dermatitis se frenaba.

El citado médico no ha podido encontrar una relación entre los brotes de dermatitis gangrenosa y los culpables tradicionales: enfermedad de Gumboro y anemia infecciosa. “Se nos ha presentado dermatitis en áreas con un buen programa contra Gumboro y en aves que considero normales. También hemos visto dermatitis en pollos vacunados contra la anemia infecciosa. El único otro problema asociado que he visto es este desafío tardío de coccidiosis.”

En algunos complejos con aves más grandes y bajo el mismo programa de nicarbazina/monensina también se presentó dermatitis gangrenosa, que cesó cuando se manejó el control de la coccidiosis con una vacunación administrada en la incubadora para iniciar la inmunidad desde un principio y prevenir los brotes de coccidiosis que se venían presentando al final del ciclo de engorde.

“No quiero sonar demasiado definitivo sobre esta relación, pero vemos mucha menos dermatitis cuando controlamos la coccidiosis durante las últimas etapas del ciclo de producción” dijo. “Yo creo que la vacuna nos ha ayudado a controlar la dermatitis porque eliminó el desafío coccidial tardío.” Con base en su experiencia, este veterinario avícola considera que la relación que ha observado entre los ciclos tardíos de coccidiosis y la dermatitis gangrenosa representa un patrón desafiante. También piensa que puede existir una predisposición de raza, pues el problema se ha presentado en tres estirpes distintas pero hay otras que parecen ser altamente resistentes a la dermatitis, hizo notar.

Prueba en una integración avícola

Para probar la teoría de que la dermatitis gangrenosa puede ser desen­cadenada por una agresión intestinal creada por los ciclos tardíos de coccidiosis resultantes de los programas tradicionales de anticoccidiales en el alimento, se realizó una prueba enotra integración avícola de gran envergadura.

En enero de 2006 se inmunizaron cuatro granjas de pollos de asar de ambos sexos con una dosis de Coccivac-B, contra la coccidiosis, administrada por aspersión al día de edad en la incubadora antes de llevar las aves a las granjas que presentaban la historia más severa de dermatitis gangrenosa. Todos los demás procedimientos de manejo y vacunación fueron idénticos a lo que indica el programa estándar de la compañía. Posteriormente se reprodujo la prueba con el mismo formato en abril de 2006 durante la siguiente parvada sucesiva en las mismas granjas y en las mismas naves.

En tres de las granjas se administraron dos ciclos de Coccivac-B, en la primavera, que es cuando se presentan los brotes más severos de dermatitis gangrenosa. En 2005, durante el mismo período — cuando el control de la coccidiosis implicaba un ciclo de nicarbazina/monensina seguido de un ciclo de salinomicina — la mortalidad promedio había rebasado el 10%. Sin embargo, en 2006 después de la vacunación contra la coccidiosis, la mortalidad fue de sólo 3% (Véase el Cuadro 1). Las granjas “hermanas” de los galpones utilizados en la prueba, presentaron dermatitis gangrenosa y mortalidad de 3 a 6 aves al millar por día, durante 4 días cuando menos. En la cuarta granja de la prueba se estudió el rendimiento de los galpones por pares, comparando la vacunación contra la coccidiosis vs. el programa nicarbazina/monensina y vs. salinomicina (Cuadro 2.)

El rendimiento de las aves vacunadas fue muy similar o mejor que el de las aves que recibieron los programas tradicionales de control de las coccidias, de acuerdo con los resultados. Por ejemplo, el peso promedio de las aves que recibieron vacuna del coccidiosis fue 2.225 kg (4.9 lb) en comparación con 2.179 kg (4.8 lb) en las aves que recibieron salinomicina.

Según dijo el Dr. Broussard, “Los resultados de esta prueba confirman nuestras observaciones anecdóticas de que el principal desencadenante de la dermatitis puede estar relacionado con los ciclos tardíos de coccidiosis. Los programas anticoccidiales tradicionales que cambian los ciclos de las coccidias hacia los períodos de mayor incidencia de dermatitis pueden formar parte del efecto o incluso crearlo.

“La vacunación contra la coccidiosis aleja los ciclos de esta enfermedad de la ‘ventana’ de la dermatitis para eliminar lo que ahora parece el principal factor que predispone a las aves a la dermatitis,” dijo. (Véase la Figura 1.) Además, el control de la dermatitis gangrenosa previniendo el desafío coccidial hacia el final del ciclo de engorde no ha requerido de los cambios de manejo que tradicionalmente se han necesitado para liberar a la operación de esta enfermedad, expresó Broussard.

El costo de la vacuna es competitivo

También se tomaron en cuenta los datos económicos de la prueba y los procedentes de otras fuentes. Com­parada con otros métodos de control anticoccidial en la prueba, el costo de Coccivac-B fue inferior para el control de la parasitosis, lo cual se hizo evidente incluso antes que otros beneficios de la vacunación como es la reducción en la mortalidad y en los costos de medicación, expresó.

“Lo más interesante es la capacidad de reducir o eliminar la dermatitis al desplazar el ciclaje de la coccidiosis, lo cual da a la vacunación contra estos protozoarios un valor agregado,” dijo el médico.

“Hemos encontrado algo que realmente puede ayudar a los avicultores a eliminar el problema de la dermatitis y las pérdidas que causa, y al mismo tiempo lograr un buen control de la coccidiosis” concluyó.

Referencia 1 Norton, RA et al. Gangrenous dermatitis reemerges in broilers. Watt Poultry USA. March: 38.

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